lunes, 8 de noviembre de 2010

Los olvidados, otra vez

Hoy vi Los olvidados, en el cine. Vi también el final alternativo, que quizá ya había visto. Al salir pensé en uno de los aforismos de Kafka, quizá el número 52, aquel que dice “En el combate entre tú y el mundo, secunda al mundo”. Pensé que cuando lo leí (y lo cité) por vez primera, no lo comprendía del todo, yo que entonces sentía que algo en mí podía comprender a Kafka, yo que entonces me preguntaba por qué Kafka aconsejaba ponerse del lado del mundo, si el mundo es eso que repele, eso de lo cual hay que huir y ocultarse y refugiarse, eso que hay que combatir siempre, yo que me sentía frustrado, idiota, por no encontrar la puerta de entrada de ese “secunda al mundo”. Ahora, sin embargo, al ver ese otro final, creo que comprendí un poco mejor el imperativo. Vi cómo El Jaibo muere y Pedro recupera el dinero para regresar con él a la escuela-granja y reivindicarse con el director de ésta y también consigo mismo. Vi el final feliz, en el cual las cosas se solucionan de la mejor manera posible, la del máximo grado de felicidad permitido para esa situación, para esas circunstancias. Y pensé que quizá Buñuel (“el único que no mira a la cámara en la fotografía final del rodaje, acaso avergonzado de haber cedido ante la censura”, según dice la voz en off de la breve introducción que antecedió a la película) sabía que las cosas nunca terminan así. No terminan nunca como uno espera o quiere o desea (porque, quizá, uno siempre espera o quiere o desea lo que cree mejor). En el dilema entre las previsiones personales y la respuesta real del mundo, casi siempre prevalece el mundo, casi siempre el mundo ahoga con su realidad el débil cuerpo de la esperanza personal.

«En el combate entre tú y el mundo, secunda al mundo»