miércoles, 11 de mayo de 2011

Para el diario de un fracasado cualquiera


No sé si soy yo quien se equivoca. No sé si es alguna de esas estupideces que llaman karma o suerte. No sé si es por tildar de estupideces eso que llaman karma o suerte o favor celestial o por no creer en ninguna de ellas. No sé si de veras existe el destino y estoy condenado al fracaso, a permanecer siempre en el mismo lugar sin cambiar nunca, a ser siempre un animal diminuto y disminuido que merodea aquí y allá, entre los rincones y las cuatro esquinas de una pequeña sala, atento como el roedor o el insecto a las pocas migajas que pueda recoger sin que ninguno de los grandes se dé cuenta. No sé si mi mediocridad es tan grande y tan evidente que soy el único incapaz de notarla. No sé si busco donde nada puedo encontrar. No sé si estoy perdido o confundido. O tal vez solo sea que llego a destiempo a los momentos importantes, que mi reloj y el reloj de las exigencias del mundo no marcan la misma hora, que calculo solo aproximadamente la hora de una cita en la que debo estar pero a la que no fui citado, una a la que llego antes o después, ridículamente anticipado o torpemente demorado, sin que nada esté preparado todavía o una vez que todo ha terminado. Quizá solo sea que encuentro siempre las puertas cerradas porque es tan temprano que nadie las ha abierto o tan tarde que ya todos se han ido, incluso el encargado de cerrar las puertas. «Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla».

3 comentarios:

Xavier dijo...

Sé que es feo, pero esto es de lo mejor que has publicado. Saludos.

Juan Pablo dijo...

ja, ¿no será que la clemencia afecta tu juicio?

Xavier dijo...

Au contraire: quizás, lo que me gusta realmente es su temática sobre el lamento y la confusión, además del repetido "no sé".