martes, 25 de mayo de 2010

Varia citadina (1)

Dentro de lo trivial, algo tiene de interesante registrar los distintos géneros musicales que se reproducen, de viva voce, al interior del transporte público. Ordenarlos de acuerdo con el número más o menos impreciso de manos que largan una moneda a sus intérpretes. La siguiente lista es menos obra mía que de mi memoria, de quien me separo para que el resultado sea lo más impersonal y objetivo posible.

1. La música popular andina. O lo que nosotros, recorriendo los túneles del metro abordo de un vagón, tomamos como tal. Por una extraña razón (mucho muy extraña) (de verdad extraña), nos conmueven los sonidos de la ocarina y el rápido rasgar de una guitarra de dimensiones reducidas y la acelerada sucesión vagamente incomprensible de palabras como huamaqueño o charango. Aunque también es cierto que, en ocasiones, ni siquiera importa que la canción interpretada sea, por decirlo de algún modo, genuinamente peruana —o andina, o sudamericana, o míninamente extranjera; a veces, quién sabe si por una estrategia de mercado bien planeada y mejor ejecutada, escuchamos satisfechos esa pieza de tan añeja raigambre en el sentimiento musical del mexicano, cuya ortografía y significado han provocado también, dicho sea de paso, tantas vanas discusiones, me refiero, por supuesto, a La Bikina. Terminada la actuación, las monedas llueven sobre las palmas de los intérpretes, con la intensidad de esas lluvias fugitivas del caluroso mayo. Y si traen, hasta discos venden.

2. Rock n' roll. Del viejito, sea el de Elvis o el de Enrique Guzmán (o Angélica María o los Teen Tops o Los Locos del Ritmo). La desenfrenada alegría de este género se estrella directamente en la seria pared de la rutina —tirándole uno o dos de sus miles de ladrillos. La voz de la conciencia se impone y obliga a algunos a pagar por esos minutos de felicidad obtenida.

3. Rock en español. O lo que yo creo tal. Vasos vacíos, infalible, aunque cada día que pasa aumenta su riesgo de precipitarse en la grieta generacional, con pocas posibilidades de ser rescatada.

4. Los boleros y, en general, la llamada música romántica anterior a los 60's. Ya pocos quedan que tarareen las de Agustín Lara y si bien muchos quisieran formar un trío, Los Panchos o Los Dandys van quedándose en el cabús de la memoria colectiva.

5. Las norteñas o las rancheras. Según parece, el chilango sigue creyendo que después del DF todo es Cuautitlán (hasta llegar al Perú). En razón de tan xenofóbica sentencia, desdeña gustoso las manifestaciones musicales nacidas allende las fronteras de Querétaro.

6. Música clásica (portátil). La de un violín o una flauta traversa, un par de ocasiones la voz de una mezzo. La dádiva ofrecida obedece menos a una justa apreciación musical que a cierta lastimosa solidaridad estudiantil.

7. Música cristiana. Se cultiva el campo semántico del cristianismo, se cosecha una canción que habla de Jesús y de salvación y de alma. Se obtiene no un fruto, sino una piedra imán que atrae a algunos (los menos) y repele a otros (los más).


Apostillas.

General: El gusto o el juicio se alteran y se confunden si la voz cantante es la de un anciano o si la que acompaña es la de un niño.

Para el primer caso: (Especulación) El número de quienes cooperan guarda algún tipo de relación con el número de intérpretes. Así, el hecatónquero aquél que toca al mismo tiempo la guitarra, las claves, la ocarina y algún otro instrumento anterior a la malhadada conquista española, recibirá más dinero que sus colegas que para interpretar una sola canción requieren de un grupo de tres o más apasionados de la verdadera música latinoamericana.

2 comentarios:

Fátima dijo...

Y a dónde es que vas?

Fátima dijo...

entre tanta canción...