miércoles, 19 de mayo de 2010

addenda

Después de pensarlo poco, decidí que me da pereza justificar lo que he escrito. Quod scripsi scripsi. Lo bueno, si breve, etcétera. Y al buen entendedor, lo que sigue.

No me interesa comparar al Quijote con Los detectives salvajes. Esta es una tarea propia de la crítica que espero nunca tener que emprender [que sea la crítica la que se ocupe de la aparente facilidad que ambos textos transmiten y que se basa, a mi juicio, en el gusto por la elipsis que ambos comparten, o, detalle trivial, de la prosa que a ratos incurre en endecasílabos (in)voluntarios, menos abundantes en la novela de Bolaño que en la Cervantes por razones obvias.] La idea nació de mi experiencia como lector. Varias veces, mientras leía Los detectives, descubrí asombrado la misma placentera sensación que he tenido al leer el Quijote, ese mismo acicate intelectual que proviene del uso literario del lenguaje. Para mí, quien sabe si lector corto de miras, ese objeto polimorfo que Cervantes inventó y armó a partir del español de su tiempo —con muchas de las piezas del español de su tiempo: las populares, las cultas, las de sus narrativas y sus poéticas— equivale, por esa misma condición, por ser un compendio de los registros lingüisticos de una época, como si al lenguaje pudiera decírsele detente ahora y déjame ser testigo de la imagen que has tomado en este único instante, a lo que hizo Bolaño en Los detectives salvajes. De ahí la fascinación casi unánime de sus lectores contemporáneos (como otrora los del Quijote): el libro cautiva porque, en cierta forma, algo del lector está ahí entre sus páginas y sus párrafos, no la ingenua identificación con tal o cual personaje, sino el anudamiento entre significantes compartidos, la inesperada revelación de mi reflejo (de eso que creo mi reflejo) en las palabras del libro, el descubrimiento de la fragmentada subjetividad de este tiempo (de este lenguaje) al que inevitablemente pertenezco.

Quizá sea un exceso comparar al Quijote con Los detectives salvajes. No lo es tanto, pienso, si se les equipara a ambos según sus lectores, según la experiencia que cada uno ha ofrecido a sus primeros lectores.