lunes, 21 de febrero de 2011

Varia citadina (4)

(dos muestras de paisajística urbana) 

2. Entre septiembre y diciembre, la administración local remozó la zona donde se asientan los edificios donde despacha. Cambió el pavimento de una cuadra, redujo una calle, amplió dos o tres tramos de acera, desapareció todas las bancas del jardín. A un costado del más importante, que también es el más antiguo, un palacio de ayuntamiento reducido a las proporciones que merece un pueblo alejado del centro de la ciudad y nunca realmente importante, se cimentaron cuatro macetones, cuadrados, inamovibles, uno para cada palmera traída a morir al clima templado, casi frío, de esta región.

Caminando cerca de ellos me asomé a su interior, por curiosidad o por desconfianza. Advertí, no sin asombro, que nadie había arrojado basura: ni envolturas de papitas o galletas ni envases de refresco ni latas de aluminio. Nada. Ni cadáveres de animales domésticos ni colillas ni chicles ni revistas deshojadas. Ni bolsitas de papel o de plástico ni cajas de cartón ni empaques de aparatos electrónicos ni tarjetas telefónicas agotadas ni cables arrancados quién sabe de dónde. Nada. Ni propaganda de ningún formato ni periódicos viejos ni botellas de licor. Nada de panalitos ni cuartitos de Presidente ni tequilas de nombres risibles o vergonzosos. Nada de nada.

Qué raro, pensé.

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